SESIÓN II. EL DESAFÍO DEMOGRÁFICO: ESTABILIZAR LA ESPAÑA DEL FUTURO
MESA A. DEMOGRAFÍA Y FUTURO: RESPUESTAS AL ENVEJECIMIENTO Y LA BAJA NATALIDAD
MODERADOR
Presidente de la Confederación Española de Organizaciones de Mayores -CEOMA-
José Luis Fernández Santillana
Buenas tardes.
Vamos a dar comienzo a esta mesa dedicada al desafío demográfico y a una cuestión fundamental: cómo estabilizar España en el futuro, especialmente en lo relativo a la demografía y sus implicaciones. Nos preguntamos hoy qué respuestas podemos ofrecer ante el envejecimiento de la población y la baja natalidad.
Permítanme, en primer lugar, una breve presentación. Soy José Luis Fernández Santillana y presido la Confederación Española de Organizaciones de Mayores, CEOMA. Y creo que, cuando hablamos de envejecimiento y de envejecimiento activo, las personas mayores tenemos mucho que decir. No en vano somos el grupo de población que, afortunadamente, más va a crecer en los próximos años, porque vivimos más tiempo.
Y aquí conviene subrayar una idea importante: no se trata solo de vivir más, sino de vivir mejor. De aprovechar esos años añadidos con calidad de vida, con participación, con derechos y con oportunidades. Por eso siempre digo que no hay que tener miedo a hacerse mayor. Cuanto más mayor se es, mejor… siempre que se llegue en buenas condiciones. Ese debe ser el objetivo colectivo.
Dicho esto, voy a presentar brevemente a los integrantes de esta mesa, que cuentan con trayectorias amplias y sólidas. Por razones de tiempo, mencionaré únicamente sus nombres y responsabilidades actuales:
-Luis Ayuso, catedrático de Sociología en la Universidad de Málaga.
-Pedro Herrero, comunicador y analista social y de asuntos públicos.
-Don Joaquín Leguina, a quien menciono con especial respeto por su trayectoria de servicio público y por ser un ejemplo de envejecimiento activo, que como sabéis es demógrafo y economista, director del Observatorio Demográfico de la Universidad San Pablo CEU.
-Carmen Quintanilla, presidenta de AFAMMER y parlamentaria permanente en el Consejo de Europa.
-Diego Ramiro, director del Instituto de Economía, Geografía y Demografía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
Como ven, contamos con un auténtico plantel de lujo.
Antes de cederles la palabra, quisiera compartir una breve reflexión.
Cuando hablamos de demografía y futuro, no estamos hablando solo de cifras. Estamos hablando de cómo queremos vivir y organizarnos como sociedad en las próximas décadas. El envejecimiento de la población y la baja natalidad no son fenómenos coyunturales; son tendencias estructurales que ya están transformando nuestras economías, nuestros sistemas de bienestar y las relaciones entre generaciones.
En España y en el conjunto de la Unión Europea vivimos más años que nunca. Eso es, sin duda, un éxito colectivo. Pero convive con una natalidad persistentemente baja y con cambios profundos en los modelos familiares, laborales y residenciales. El resultado es una sociedad con menos jóvenes, más personas mayores y un equilibrio intergeneracional cada vez más delicado.
Ante este escenario, me gustaría destacar una idea clave: el envejecimiento no es el problema. El problema es no adaptarnos a él. Las personas mayores no somos únicamente destinatarias de cuidados; somos agentes activos, con experiencia, capacidad y voluntad de contribuir social, económica y comunitariamente. El futuro exige superar visiones asistencialistas y reconocer el valor de todas las edades.
Al mismo tiempo, la baja natalidad nos interpela como sociedad. No basta con incentivar nacimientos. Es necesario crear condiciones reales para que las personas puedan desarrollar sus proyectos vitales: empleo estable, conciliación, acceso a la vivienda, corresponsabilidad en los cuidados y comunidades que acompañen. Sin estos elementos, cualquier política demográfica será insuficiente.
Las respuestas al reto demográfico no pueden ser parciales ni sectoriales. Requieren una mirada integral que conecte empleo, vivienda, salud, educación, cuidados, urbanismo y participación social. Y requieren también un enfoque intergeneracional que fomente la cooperación entre edades, en lugar de alimentar una falsa competencia entre generaciones.
Esta mesa es, por tanto, una gran oportunidad para reflexionar sobre cómo transformar el envejecimiento en una palanca de cohesión social; cómo responder a la baja natalidad con realismo y profundidad; y cómo construir un futuro en el que vivir más años signifique vivir mejor, juntos y con derechos.
Dicho esto, comenzaremos con una primera intervención general de cada ponente y posteriormente abriremos un turno de preguntas. Les pediría, si es posible, que ajustemos las intervenciones a unos siete minutos, para poder respetar los tiempos y llegar puntuales a la siguiente sesión.
Luis, me gustaría comenzar contigo. Desde la perspectiva sociológica que has trabajado ampliamente, ¿cómo prevés que evolucionará nuestra sociedad en los próximos años? ¿Qué impacto está teniendo la digitalización en la familia y hacia qué modelos familiares nos dirigimos?
Adelante.
PONENTES
Catedrático de Sociología de la Universidad de Málaga
Luis Ayuso Sánchez
En primer lugar, quiero agradecer la invitación y a la organización por contar conmigo y por la oportunidad de compartir esta mesa con tan destacados compañeros.
Me han concedido diez minutos, aunque ya me han restado tres, así que intentaré sintetizar al máximo lo que quiero plantear en los siete restantes. Les pido, si es posible, que proyecten la presentación, porque me servirá de apoyo.
Quiero centrar mi intervención en una reflexión desde el punto de vista de la familia. Porque cada modelo de sociedad ha ido históricamente acompañado de un modelo de familia.
Las sociedades agrícolas se estructuraban en torno a la familia extensa, la sociedad industrial consolidó el modelo de familia nuclear, y en la sociedad posindustrial actual conviven múltiples formas de vida familiar.
La gran pregunta sociológica es: ¿hacia dónde vamos ahora? ¿Qué modelo —o modelos— de familia traerá consigo la era digital?
No puedo detenerme en todo, pero sí quiero señalar algunas tendencias clave.
En primer lugar, avanzamos hacia una mayor individualización de la vida familiar. Es una tendencia que viene de atrás, pero que la digitalización puede intensificar. Al mismo tiempo, observamos una creciente privatización del proyecto familiar: formar pareja, tener hijos o no tenerlos, organizar los cuidados… son decisiones cada vez más autónomas y menos normativas. Eso genera una enorme diversidad de formas familiares.
También debemos considerar el impacto de la globalización. Estamos ante las generaciones que más se han desplazado en nuestra historia. La movilidad transforma las estructuras familiares, genera familias transnacionales y mixtas —donde uno de los miembros procede de otro país—, una realidad que en España crece de manera silenciosa pero constante.
A ello se suma el envejecimiento familiar, que es un éxito colectivo, pero que tendrá profundas consecuencias estructurales, especialmente a partir de 2050. Y no podemos olvidar la consolidación de la igualdad de género como pauta social ampliamente legitimada, ni los cambios culturales en torno a la sexualidad y la exposición pública de la intimidad, fenómenos que también impactan en la configuración de la vida familiar.
Ahora bien, España tiene una particularidad interesante: combinamos una alta tolerancia hacia la diversidad familiar —comparable a países del norte de Europa— con una fuerte red de apoyo familiar. No se ha producido aquí una “des familiarización” completa. La familia sigue siendo un pilar esencial de apoyo social, económico y emocional.
Si observamos las estructuras familiares actuales, vemos varias tendencias claras:
-Aumento de los hogares unipersonales, en gran parte por el envejecimiento.
-Retraso en la emancipación juvenil, uno de los más tardíos de Europa.
-Dificultades crecientes para formar pareja estable.
-Hundimiento de las tasas de fecundidad.
-Presencia creciente de la inmigración, aunque con rápida convergencia hacia la baja fecundidad mediterránea.
Todo ello nos conduce a retos ineludibles: el cuidado y la soledad, que ya no afecta solo a las personas mayores, sino también a los jóvenes.
En este contexto emerge lo que denomino la “familia digital”.
Los sociólogos hemos estudiado tradicionalmente las relaciones cara a cara. Pero hoy debemos entender que cada individuo es la suma de sus relaciones presenciales y sus relaciones digitales. Y eso transforma profundamente la familia.
Por ejemplo:
En los procesos de socialización: la familia ya no es el único agente que transmite valores y expectativas. El entorno digital compite y, en muchos casos, predomina.
En la educación: asistimos a una inversión generacional similar a la revolución industrial; ahora son los hijos quienes enseñan a los padres en el ámbito digital.
En la formación de parejas: la combinación de lo presencial y lo digital ha generado nuevas formas de relación que no encajan fácilmente en nuestras categorías clásicas. Según el CIS, un 60 % de los encuestados considera posible enamorarse de alguien a quien solo conoce por internet.
En el tele trabajo: se difuminan las fronteras entre espacio doméstico y espacio laboral.
En la tecnologización del hogar: la innovación altera el uso del tiempo y reconfigura dinámicas internas.
En la sociabilidad: podemos sentir cercanía digital aun estando físicamente lejos, pero también experimentar soledad en entornos aparentemente hiperconectados.
La digitalización, por tanto, no es neutra. Puede ser una herramienta clave para afrontar el envejecimiento y la soledad, pero requiere análisis y orientación.
¿Y qué propongo?
Propongo abordar la cuestión familiar desde una perspectiva integral y cultural. No solo demográfica, económica o jurídica. También cultural.
Necesitamos reforzar los consensos existentes en política familiar —que son muchos más de los que a veces parece—, especialmente en ámbitos como la conciliación, ampliamente respaldada por la sociedad.
Debemos crear un contexto favorable para la maternidad y la paternidad. No se trata de imponer decisiones personales, sino de garantizar que quien quiera formar familia pueda hacerlo sin penalizaciones estructurales.
Y, finalmente, debemos recuperar una valoración positiva de la familia. Durante años hemos asociado el “familiarismo” a connotaciones negativas, cuando en realidad la familia ha sido un pilar de cohesión social y de construcción de sociedad civil en nuestro país.
Resulta difícil entender que en España no existan estructuras sólidas dedicadas al estudio y apoyo a la familia, cuando en la mayoría de los países europeos sí las hay.
Si queremos afrontar con éxito el reto demográfico, debemos comprender que la transformación de la familia está en el centro del cambio social. Ignorarla sería un error estratégico.
Y con esto concluyo. Muchas gracias.
PRESENTACIÓN COMPLETA
Presidente de la Confederación Española de Organizaciones de Mayores -CEOMA-
José Luis Fernández Santillana
Muchas gracias, Luis. Así da gusto: cuando los participantes en la mesa se ajustan al tiempo, facilitan enormemente la labor de moderación.
Pedro, eres un profesional de la comunicación y me gustaría plantearte una cuestión clave. ¿Cómo se está narrando hoy la situación demográfica? ¿Cómo se están contando estos desafíos a la sociedad? ¿Se está trasladando el mensaje con rigor y responsabilidad?
Más allá de etiquetas —experto o no— lo cierto es que eres comunicador, y eso es lo importante: cómo se construye el relato y qué impacto tiene en la opinión pública.
Adelante.
Comunicador, analista social y de asuntos públicos
Pedro Herrera
Claro, viendo el nivel de la sala —abogados, académicos, economistas— cuando me presentan como “comunicador” uno siente algo parecido a lo que comentabas antes sobre la edad: casi dan ganas de decir “no me ayudes tanto”.
Y después de escuchar a Luis, que ha hecho un análisis tan completo, resulta difícil añadir algo sin repetir lo ya dicho. Así que, ya que me toca hablar como comunicador, permítanme hacer algo ligeramente distinto. Intentaré decirlo de una manera que, al menos, mañana alguien recuerde una idea. Con eso me doy por satisfecho.
El punto donde conecto con lo que ha planteado Luis es muy sencillo: la familia no es una estructura más dentro de la sociedad; es una permanencia de la humanidad. Si los cinco estamos hablando hoy aquí, en el fondo estamos hablando de lo mismo. Porque sin familia no hay sociedad.
Y yo, antes que comunicador, abogado o lo que sea, soy padre. De hecho, suelo pedir que me presenten así. Porque las profesiones son instrumentos; lo verdaderamente decisivo es esa experiencia fundante que es la familia. Es ahí donde aprendemos quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos.
Si alguien me dijera: “Pedro, empieza a cantar la canción del ‘nosotros’”, yo preguntaría: ¿dónde empezamos? ¿En Jerusalén? ¿En Roma? ¿En Atenas? ¿En la Ilíada? La historia de la humanidad es, en el fondo, la historia de un nosotros que se transmite de generación en generación. Y ese nosotros nace en la familia.
Decía Luis que cada sociedad tiene su modelo de familia. Yo iría incluso más allá: sin familia no hay sociedad. No hay economía, no hay empresa, no hay política, no hay derechos que sostener. Sin madres y padres que cuiden, que narren a sus hijos quiénes pueden llegar a ser, no hay proyecto colectivo posible.
Este auditorio, las instituciones, las empresas, incluso los votos en una campaña electoral, todo eso descansa sobre una realidad previa: personas que han sido queridas, educadas, sostenidas.
La familia es la condición de posibilidad de aquello que afirmamos valorar: la libertad, por ejemplo. ¿Dónde aprende uno la experiencia concreta de la libertad? En el momento en que un hijo elige su camino, se equivoca, vuelve a casa y encuentra perdón. Ahí se aprende la libertad.
¿Y la esperanza? La esperanza es una madre o un padre diciéndole a su hijo: “Hoy no ha salido bien, pero mañana lo intentamos de nuevo”.
Recordaba a María Zambrano cuando decía que la poesía es lo que permite salvar el mundo. Quizá en un entorno tan técnico como este haya que arriesgarse a parecer poco técnico y decir algo muy simple: tener hijos es una de las experiencias más transformadoras y valiosas que existen. Y no hay mayor ilusión para unos abuelos que ver a sus hijos querer construir lo mismo que ellos construyeron.
Por eso este asunto es tan importante. Y por eso resulta insuficiente abordarlo únicamente con categorías económicas, jurídicas o empresariales. Son necesarias, sin duda, pero no bastan.
Si una pareja trabaja todo el día y no tiene tiempo para cuidar a sus hijos, algo esencial está fallando. Si no existen hogares donde las personas puedan comprometerse, decirse la verdad, reconstruirse tras el error, entonces la política pierde su sentido más profundo. Si los jóvenes no encuentran un contexto que les permita comprometerse, construir un proyecto común y sostenerlo en el tiempo, entonces también la universidad y las instituciones se quedan a medio camino.
Porque, como decía Hölderlin, “solo permanece lo que fundan los poetas”. Y la familia, en cierto modo, es el primer acto poético de cualquier sociedad: el lugar donde se funda el nosotros.
Y con esto termino. Muchas gracias.
Presidente de la Confederación Española de Organizaciones de Mayores -CEOMA-
José Luis Fernández Santillana
Lo que comentabas me ha recordado algo que, probablemente, muchos escuchamos hace años: la familia como pilar, como estructura básica de la sociedad, sin la cual la sociedad simplemente no existe. Es una idea que a mí me transmitieron cuando era pequeño —y de eso hace ya tiempo— y, sin embargo, sigue teniendo plena vigencia.
Hay convicciones que permanecen porque responden a algo verdadero y profundo. Y quizá precisamente por eso resulta tan oportuno hablar hoy de estas cuestiones en un momento en el que, paradójicamente, no siempre ocupan el espacio público que merecen. Recuperar esta conversación me parece no solo pertinente, sino necesario.
Joaquín, me gustaría preguntarte cómo abordas tú esta situación. Desde tu doble perspectiva —demográfica y económica—, ¿cuál es el diagnóstico actual y cuál es el horizonte que se dibuja? ¿Qué impacto tiene esta realidad en el conjunto del sistema económico?
Y, en particular, ¿cómo se conecta todo esto con lo que denominamos la “economía plateada”, es decir, el peso creciente de las personas mayores y las oportunidades, desafíos y transformaciones que el envejecimiento de la población genera?
Cuando quieras. Muchas gracias.
Demógrafo y economista. Director del Observatorio Demográfico de la Universidad San Pablo CEU
Joaquín Leguina
Ya se ha dicho casi todo, así que intentaré no repetir lo evidente. Permítanme, no obstante, recomendar una publicación que dirigimos Alejandro Macarrón y yo: las monografías del CEU-CEFAS, accesibles para quien quiera consultarlas. La última se titula El deterioro demográfico español. Creo que el propio título lo resume con bastante claridad, así que no insistiré en ello.
Quisiera centrarme, con su permiso, presidente, en una cuestión concreta: la inmigración. Y lo haré sin entrar en debates políticos, porque creo que la inmigración no debe abordarse desde la simplificación ideológica, sino desde el análisis riguroso.
Partamos de un hecho: lo que está creciendo con enorme rapidez no es simplemente el número de personas mayores, sino su peso relativo sobre el total de la población. Es decir, la tasa de envejecimiento.
¿Se debe esto a la mortalidad? No. España tiene una de las mortalidades más bajas del mundo. De hecho, la Comunidad de Madrid registra la mayor esperanza de vida de todas las regiones europeas. Y, pese a las críticas frecuentes al sistema sanitario, algo tendrán que ver nuestros profesionales en este resultado.
Es evidente que cuando baja la mortalidad aumenta el número de personas mayores. Pero el índice de envejecimiento —la población de 65 y más años dividida por la población total— no depende esencialmente de la mortalidad, sino de la fecundidad. Y ahí está el verdadero problema: la fecundidad en España está hundida.
Han cambiado profundamente las estructuras familiares y las condiciones sociales. Y conviene recordar algo muy básico: los seres humanos somos, probablemente, las crías más dependientes del reino animal. Tardamos años en caminar con autonomía, en hablar, en valernos por nosotros mismos. Criar hijos exige tiempo, dedicación y recursos.
En generaciones anteriores, esa tarea se resolvía en un contexto social distinto. Mi abuela materna tuvo cuatro hijos, todos longevos. Mi abuela paterna, Matilde, tuvo catorce. Cuando yo nací, solo vivían cinco. No fue por falta de recursos económicos, sino por las durísimas condiciones de la época y por la enorme carga de trabajo que asumió tras quedarse viuda. Aquello nos recuerda que la crianza siempre ha sido una tarea exigente, aunque las circunstancias hayan cambiado.
Vuelvo a la inmigración. España, en términos comparativos, tiene ciertas ventajas para integrar población extranjera. Nuestra experiencia social ha sido menos conflictiva que la de otros países europeos, y el hecho de que una parte importante de los inmigrantes proceda de América Latina y comparta nuestra lengua facilita el proceso.
Desde el punto de vista demográfico, la inmigración es, sin duda, un alivio. Pero no es una solución estructural. Los inmigrantes también envejecen. El verdadero punto crítico está en sus hijos.
¿Cuántos hijos de inmigrantes llegan a la universidad? Aproximadamente uno de cada cinco. Es cierto que cada vez acceden más a la Formación Profesional, lo cual es positivo. Pero el futuro productivo del país dependerá en buena medida de su cualificación, de sus oficios y de sus niveles salariales.
Y aquí surge el reto: no basta con diseñar políticas sobre el papel. Hay que convencer a las familias. Porque muchos jóvenes, en cuanto pueden incorporarse al mercado laboral tras la educación obligatoria, lo hacen y abandonan su formación. Y eso no es bueno ni para ellos ni para el país.
Por tanto, si queremos que la inmigración contribuya realmente a sostener nuestro modelo social y económico, debemos prestar especial atención a la formación y a la integración plena de la segunda generación. Y no es una tarea sencilla. Como casi todas las políticas verdaderamente importantes.
Y con esto termino. Muchísimas gracias.
Presidente de la Confederación Española de Organizaciones de Mayores -CEOMA-
José Luis Fernández Santillana
Se ha abierto aquí un melón importante —y no menor— que tiene que ver con la formación, con las personas migrantes y, sobre todo, con los jóvenes que llegan. La cuestión es qué hacemos con ellos y cómo garantizamos que accedan a una formación de calidad que les permita integrarse plenamente y desarrollar su proyecto de vida.
La formación es imprescindible. Y, en particular, la Formación Profesional debería potenciarse mucho más y hacerse verdaderamente accesible, porque la vamos a necesitar. Nos estamos jugando no solo su futuro, sino también el nuestro como sociedad.
Pero, Carmen, ahora te toca a ti. Y te toca hablar de lo que mejor conoces.
¿Cómo trasladamos todo esto al ámbito rural? ¿Habrá población suficiente para sostenerlo? ¿Habrá servicios? ¿Seremos capaces de fijar población en esos territorios de los que tanto hablamos cuando mencionamos la “España vaciada” —o quizá la España que hemos ido vaciando nosotros mismos al dejarla al margen de determinadas dinámicas de desarrollo—?
¿Cómo se conecta el reto demográfico, la formación y la integración con el futuro del medio rural?
Presidenta de AFAMMER. Parlamentaria permanente en el Consejo de Europa
Carmen Quintanilla
AFAMMER nace como ONG en el año 1982 con el objetivo de alcanzar la igualdad real de oportunidades en el medio rural; que las mujeres rurales dejaran de ser invisibles y que su voz se escuche en todos los foros nacionales e internacionales.
AFAMMER, tiene Estatus Consultivo en el Consejo Económico y Social (ECOSOC) de las Naciones Unidas, y ha hecho posible que la voz de las mujeres rurales sea escuchada ante todos los líderes de las instituciones de las más altas esferas del mundo.
Somos la primera organización de mujeres rurales creada en Europa de ámbito internacional y por ende en España, y así nacimos en el año 1982, por y para las mujeres y familias del mundo rural, rompiendo su invisibilidad y para garantizar sus derechos.
La organización siendo un pequeño grupo de mujeres, que después, fue creciendo hasta convertirse en un gran referente a nivel nacional e internacional, con más de 195.400 socias y con presencia en todas las comunidades autónomas españolas.
AFAMMER conforma hoy el mayor movimiento asociativo de mujeres rurales de la comunidad internacional y participa de forma muy activa en la consecución de grandes logros y desafíos como leyes y planes que promueven la igualdad real de oportunidades de las mujeres reales. Asimismo, realizamos conferencias y grandes jornadas internacionales con el propósito de levantar la bandera de la igualdad real de oportunidades de las mujeres rurales del mundo.
Voy a exponer algunos datos generales sobre despoblación y la problemática del reto demográfico.
Total de Municipios y Rurales
En total, España tiene más de 48 millones de habitantes, de las cuáles 7.528.340 personas residen en zonas rurales lo que representa al 15,7% de la población total.
En España hay 8.131 municipios de los cuáles 6.650 (81,8%) son considerados rurales.
Pueblos Pequeños
El 77% de los municipios rurales tienen menos de 5.000 habitantes y albergan al 9,3% de la población, mientras que los grandes constituyen el 3,9% de los municipios y el 6,4% de la población.
– 8 de cada 10 municipios en España subsisten con menos de 1.000 habitantes y 1.300 tienen menos de 100 personas empadronadas.
Localidades sin Jóvenes
– Por otro lado, existen 311 localidades donde no hay ningún vecino menor de 20 años.
– A la falta de jóvenes hay que añadir el sobre-envejecimiento de la población rural, pues hoy contamos con 402 pueblos donde la población con más de 65 años ya está por encima del 50%.
Impacto de la despoblación en los Servicios
La despoblación que suele ir acompañada de envejecimiento demográfico, situación que llega a duplicar el coste de servicios públicos básicos como la educación y encarece considerablemente las prestaciones sanitarias
VIVIR EN UN PUEBLO NO PUEDE SIGNIFICAR RENUNCIAR A SERVICIOS BÁSICOS
Acabar con la despoblación que afecta a las zonas rurales tiene que abordarse como uno de los grandes desafíos que tenemos como sociedad. Una despoblación que en la mayoría de los casos tiene nombre de mujer.
Para que se hagan una idea de la carencia de servicios que sufren muchos habitantes rurales, quiero hacer referencia a los datos del último Informe sobre “Acceso a servicios en la España Rural” elaborado por el Banco de España:
– En perspectiva europea, las diferencias entre áreas rurales y urbanas son más acusadas en el caso de España que en el resto de los países del entorno comunitario, debido a que las provincias predominantemente rurales en nuestro país presentan una menor disponibilidad de servicios locales que sus homólogas europeas en términos de distancia al servicio más cercano.
– En particular, una persona residente en una provincia eminente rural tiene que recorrer de media 12,4 kilómetros para llegar al servicio local más cercano (como una escuela infantil, un supermercado, un centro de salud o una biblioteca), frente a los 4,8 km, 7,6 km o 4,7 km que recorrería el ciudadano medio en las regiones rurales de Alemania, Francia o Italia respectivamente.
En promedio, en España los ciudadanos de municipios rurales han de recorrer unos 20 km más que los ciudadanos de municipios urbanos para acceder al servicio local más cercano.
El acceso a servicios básicos como la sanidad, la educación, el transporte o las telecomunicaciones es un termómetro claro del nivel de desarrollo económico y social de un país. Cuando estos servicios no llegan en igualdad de condiciones a todos los territorios, especialmente al medio rural, se están generando desigualdades inadmisibles que frenan el bienestar y las oportunidades de muchas personas, especialmente de las mujeres y las familias rurales.
Asimismo, se habla de que estamos en la época de la digitalización, pero para hombres mayores resulta más complicado aprender como coger una cita previa con el móvil o manejar la firma digital, que hoy es imprescindible.
Es por eso por lo que tanto hacemos hincapié en la brecha digital, cada vez más acusada entre nuestros mayores. Y es que el problema no está en la falta de dispositivos sino en la falta de formación para utilizarlos.
Los estamos convirtiendo en los analfabetos del siglo XXI. A todo esto, se suma el cierre de cajeros y oficinas bancarias en el medio rural.
Es por eso por lo que, hablar de baja natalidad es hablar de mujeres. De jóvenes que no encuentran las condiciones necesarias para quedarse o regresar a sus pueblos, para formar una familia o acceder a un empleo digno. Si no se generan oportunidades reales para las mujeres rurales, si no hay conciliación, corresponsabilidad, ni servicios básicos, no habrá relevo generacional. La maternidad en el medio rural no puede seguir siendo un obstáculo, debe convertirse en una opción libre y posible.
Estas circunstancias sociales provocan que 2 de cada 3 personas que se marchan del campo a la ciudad son mujeres, la mayoría, jóvenes que se marchan ante la falta de oportunidades.
A pesar de los datos: el entorno rural está lleno de oportunidades
De hecho, al término España Vaciada deberíamos llamarlo España Donante. Una España que alimenta todos los días a la sociedad española, de la España que mantiene la biodiversidad y que cuando mantenemos la biodiversidad no hay incendios forestales u otras catástrofes que lamentar. La España que mantiene el patrimonio histórico y artístico.
Por otra parte, hizo referencia al envejecimiento de la sociedad rural, que representa sin duda uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo y por ello, en ese envejecimiento, debemos encontrar la oportunidad laboral para desarrollar nuevos puestos de trabajo femeninos rurales. Ese envejecimiento puede abrir una puerta a oportunidades laborales y de emprendimiento en distintos sectores donde se puede crear empleo.
Entre las oportunidades encontramos oportunidades laborales y de emprendimiento en sectores de diversificación. El medio rural ofrece un nicho muy valioso para el emprendimiento femenino en sectores como la agroindustria, el turismo rural, la artesanía, la producción ecológica, los servicios de proximidad (cuidado de mayores, atención infantil, comercio local), e incluso la digitalización, permiten a las mujeres desarrollar proyectos sostenibles y con gran impacto local y evitar que se marchen a la ciudad en un éxodo rural a las grandes ciudades.
Y es que todo radica en el empleo, ya que, si existe un empleo en el pueblo, la mujer “decide sobre su vida”. El gran pilar de la igualdad es el empleo. Es una condición esencial para que el medio rural tenga futuro. Cuando el medio rural ofrece oportunidades reales, puede retener talento y generar progreso.
Habrá personas viviendo en las zonas rurales pero para que eso sea posible hay que garantizar una serie de servicios esenciales que hoy en día no están cubiertos en muchos pueblos de España.
El medio rural tiene futuro si se crean las condiciones necesarias para vivir en él con dignidad. Eso pasa por asegurar servicios de proximidad: desde atención sanitaria más accesible —incluyendo fisioterapia, pediatría o psicología— hasta transporte público de calidad, especialmente en las aldeas más pequeñas.
No podemos permitir que en pleno siglo XXI haya personas que tengan que recorrer más de 20 km para acceder a un médico o que no puedan hacer una analítica porque no hay transporte público. Si queremos frenar la despoblación, debemos invertir de forma estructural, territorial y continuada.
Porque sin servicios, no hay población. Y sin población, no hay futuro. Y en este sentido me gustaría defender algunas propuestas realistas y urgentes que ayudarían a paliar la falta de servicios y evitar el grave problema demográfico en las zonas rurales, basado en nuestra experiencia social y compromiso con la igualdad de oportunidades de las mujeres rurales, que día a día llevamos formación a los pueblos de España ante la demanda de formación de las propias mujeres para posteriormente fomentar el emprendimiento, empleo autónomo y la creación de empleo.
Medidas para garantizar vida y futuro en el medio rural
1,Digitalización e igualdad de acceso a la conectividad
-Garantizar la conectividad digital plena en todos los municipios rurales, sin excepciones. No puede haber brechas digitales entre una acera y otra de la misma calle.
-Facilitar el uso de plataformas digitales que permitan a autónomos y pequeños negocios ampliar su mercado sin necesidad de desplazarse.
Por ejemplo, AFAMMER en el año 2021, poco después del confinamiento, puso en marcha el proyecto ‘Iluminación digital en el medio rural’ gracias a la financiación de Endesa. Con este programa, contribuimos a romper la brecha digital de las zonas rurales, brecha que se hizo aún más patente durante la COVID-19, pues muchas pymes rurales se vieron todavía más aisladas al no contar con una alternativa online para promocionar y vender sus productos.
Gracias a este proyecto de conectividad digital y de formación, desde Endesa y AFAMMER conseguimos que más de 4.000 personas residentes en municipios de menos de 10.000 habitantes aprendieran herramientas básicas indispensables hoy en día como es comprar en una tienda digital; descargar una firma digital o realizar trámites administrativos de forma online. Además, formamos a más de 180 pymes rurales en conocimientos y herramientas de comercio electrónico y150 de estos proyectos pudieron implementar su propio e-commerce de forma gratuita.
De esta forma, AFAMMER fue una de las organizaciones pioneras en la venta online para pequeños negocios de nuestras mujeres rurales.
2.Conciliación, servicios públicos y cuidados
-Aumentar la oferta de escuelas infantiles, centros de día y servicios públicos de proximidad, fundamentales para que las mujeres puedan cuidar sin renunciar a su desarrollo personal y profesional.
-Aplicar la Estrategia Europea de los Cuidados en el medio rural, como hoja de ruta para reforzar la atención, mejorar las condiciones laborales del sector y garantizar el acceso universal a los cuidados.
3.Medidas concretas inspiradas en la Estrategia Europea de Cuidados
Propongo que se incorporen al día a día del medio rural acciones como:
-Crear bolsas de cuidado profesional para ludotecas, actividades extraescolares y apoyo en periodos no lectivos, que permitan trabajar o formarse con seguridad.
-Financiación estable a servicios municipales de conciliación, para evitar su desaparición en pequeños ayuntamientos.
-Impulso al empleo local en el sector de los cuidados, con prioridad para jóvenes y mujeres.
-Campañas de sensibilización sobre corresponsabilidad, especialmente dirigidas a los hombres, y reconocimiento de la experiencia profesional no formal en mujeres mayores de 45 años.
-Acceso universal a los servicios de cuidado, independientemente de la situación laboral o económica de las familias.
-Aumentar y diversificar los servicios de cuidados de larga duración: atención a domicilio, de proximidad y residencial, con soluciones digitales accesibles y servicios adaptados a personas con discapacidad.
En resumen: necesitamos políticas del derecho a los cuidados de la conciliación con perspectiva y ADN rural. Porque un pueblo sin guarderías, sin residencias, sin transporte o sin conectividad es un pueblo sin futuro.
Y también necesitamos cuidados de proximidad, donde los mayores se queden en su casa, como una opción libre de estar donde ellos quieran.
Presidente de la Confederación Española de Organizaciones de Mayores -CEOMA-
José Luis Fernández Santillana
Muchas gracias, Carmen.
Decía antes que Joaquín había abierto un melón; tú, directamente, nos has traído el frutero entero. Tenemos muchos temas sobre la mesa y seguro que podremos profundizar en ellos en la segunda ronda.
Pero hay una cuestión que me parece esencial y que atraviesa todo lo que has planteado: la movilidad. Para la población que vive en el medio rural, garantizar la movilidad es una condición básica. Si una persona no puede desplazarse, si no tiene medios para acceder a servicios, empleo, educación o sanidad, la estamos condenando al aislamiento. Y eso va mucho más allá de la brecha tecnológica.
Vamos cerrando esta primera ronda.
Diego —ahora sí, el demógrafo oficial de la mesa—, hay algo que siempre me llama la atención cuando vemos los gráficos de población. Hablamos de “pirámide poblacional”, pero, sinceramente, en algunos casos ya no parece una pirámide… parece más bien una seta.
Así que la pregunta es clara: ¿hacia dónde vamos? De aquí a diez, quince o veinte años, ¿qué perspectivas tenemos? ¿Qué mapa demográfico se está configurando? ¿Seguiremos deformando la pirámide hasta convertirla definitivamente en otra cosa?
¿Vamos hacia una pirámide invertida, hacia una seta… o hacia qué exactamente?
Director del Instituto de Economía, Geografía y Demografía del CSIC
Diego Ramiro Fariñas
Primero, quiero agradecer la invitación y la oportunidad de estar en esta mesa. Lo que voy a hacer es dar algunas pinceladas rápidas sobre la España que Joaquín ha descrito a través de sus abuelas, el mundo que hemos perdido, el mundo de su abuela Pilar.
Para comenzar, veamos la esperanza de vida en España a lo largo del tiempo. A principios del siglo XX, alrededor de 1900, la esperanza de vida era de unos 35 años, similar a lo que había sido durante el siglo XIX. Hoy, en cambio, alcanzamos niveles récord.
¿Por qué ha evolucionado tanto la esperanza de vida? En gran medida, por la caída de la mortalidad infantil. En el siglo XIX, aproximadamente el 50 % de los niños no llegaban a cumplir los 10 años de vida. Esto tenía enormes repercusiones familiares: la fecundidad era altísima, alrededor de 4,5 a 5 hijos por mujer, pero la mortalidad también lo era, lo que convertía la crianza en un esfuerzo enorme, con el drama añadido de ver morir a muchos hijos. Esta caída de la mortalidad infantil se produce a lo largo del siglo XX, permitiendo que más niños alcancen la edad reproductiva.
Posteriormente, el aumento de la esperanza de vida se ha concentrado en los mayores. Cada vez vivimos más tiempo, especialmente en edades avanzadas. Esto nos lleva a preguntarnos: ¿continuará este crecimiento? Y si no, ¿qué factores podrían afectarlo?
Un gráfico muy conocido publicado en ‘Science’ en 2010 por Jim Oeppen y James Vaupel mostró que las predicciones sobre los límites de la esperanza de vida siempre se quedaban cortas: cada década, los récords de cada país superaban lo previsto, aumentando aproximadamente 2,5 años por década.
¿Qué podría impedir que esta tendencia continúe? Entre otros factores, la dieta, la actividad física, el consumo de sustancias —como se ve claramente en Estados Unidos—, las desigualdades educativas y territoriales, y los riesgos emergentes como nuevas enfermedades, riesgos climáticos o pandemias como la COVID.
Por ejemplo, una persona que nace en Jaén —una de las provincias con menor esperanza de vida de España— y se traslada a Madrid, mejorará su esperanza de vida, pero no alcanzará la media de Madrid. Esto indica que llevamos una “mochila” genética y ambiental heredada de nuestros padres y abuelos. Y lo mismo ocurre en sentido inverso: un madrileño que se traslada a Andalucía o Canarias tendrá una esperanza de vida ligeramente menor que la de su ciudad original.
Otro factor importante es la obesidad infantil, que implica mayores tasas de obesidad adulta y diabetes, afectando tanto la esperanza de vida como la discapacidad en la vejez, con un impacto directo en el gasto sanitario.
Hablando de desigualdades, los datos de la base longitudinal de Andalucía muestran diferencias de casi 10 años en la esperanza de vida a los 60 años entre un hombre con estudios primarios o sin alfabetización y una mujer con estudios universitarios. Esto refleja cómo la educación y la posición socioeconómica influyen de manera decisiva en la salud y la longevidad.
Actualmente, en algunos países se observa un freno en el incremento de la esperanza de vida. En el Reino Unido, por ejemplo, ha habido un estancamiento y un leve descenso, concentrado en los grupos socioeconómicamente más desfavorecidos, mientras que los más ricos siguen aumentando su esperanza de vida. Esto genera divergencias que se suman a las diferencias territoriales.
En cuanto a la fecundidad, desde 1900 hasta finales del siglo XX, España pasó de una media de 4,5–5 hijos por mujer a una caída pronunciada a partir de 1978. Hoy, algunas comunidades, como Canarias, registran solo 0,8 hijos por mujer, niveles comparables a los de Corea del Sur. Esto tiene implicaciones directas: la combinación de alta esperanza de vida y baja fecundidad genera un envejecimiento poblacional, familias más pequeñas, menos primos, menos hermanos y hogares multigeneracionales más numerosos. Además, alrededor del 25 % de las parejas se quedan sin hijos, y el retraso en la maternidad puede incrementar esta proporción, lo que requiere políticas de apoyo para estas personas, especialmente mujeres, que viven cinco años más que los hombres.
En el ámbito rural, la despoblación es preocupante. Estudios recientes del Centro de Estudios Demográficos muestran que alrededor de 1.840 municipios españoles presentan una despoblación irreversible, con un déficit de mujeres jóvenes y población masculina predominante. Por más políticas demográficas que se implementen, estas áreas enfrentan desafíos estructurales difíciles de revertir.
Este fenómeno no es nuevo. La migración hacia las ciudades, como la que se produjo desde Murcia a Cataluña o hacia Madrid en 1905, reproduce patrones similares a los actuales: abandono de zonas rurales, concentración en áreas urbanas, y problemas asociados como alcoholismo, soledad y salud mental deteriorada.
Mi intención es que, tras reflexionar sobre estos datos, no veamos solo un “reto demográfico” aislado, sino una serie de retos interconectados: sociales, sanitarios, educativos, de migración y territoriales. Llamarlo únicamente “reto demográfico” es limitar la visión; deberíamos considerarlo un desafío más amplio, que implica planificación integral y políticas multidimensionales.
Gracias por su atención.
-Conclusiones y preguntas del público-
José Luis Fernández Santillana, presidente de la Confederación Española de Organizaciones de Mayores -CEOMA-
Muchas gracias, Diego. Al final, los datos son los datos, y me parece fundamental tenerlos claros, porque bien utilizados, los datos permiten hacer mucho. Otra cosa distinta es cuando se intenta “vender” un dato que no es, cuando se usan los números para construir relatos que no reflejan la realidad. Pero bueno, bienvenido sea este enfoque.
Vamos a intentar ser un poco rápidos con las respuestas. Luis, fíjate, antes pasaste una diapositiva sobre el tema de los hijos. Creo que aquí hay un punto importante: los hijos y la familia como institución. Durante mucho tiempo, la familia en España ha funcionado como un colchón, un refugio, sobre todo en épocas de crisis. Es la familia la que dice: “Aquí estamos, aquí salvamos”.
Y esto se refleja en fenómenos llamativos: jóvenes que permanecen en casa hasta los 30 o 35 años, porque, objetivamente, no hay otro lugar como el hogar.
Entonces, la pregunta es: ¿qué podemos hacer? ¿Cómo podemos potenciar la familia como núcleo de la sociedad y como colchón de protección social? ¿Cómo se está invirtiendo —o no— por parte de los distintos gobiernos para fortalecer esta estructura familiar?
Al final, me parece que muchas familias se encuentran, entre comillas, desprotegidas, y necesitamos pensar cómo revertir esa situación.
Luis Ayuso, catedrático de Sociología de Málaga
La pregunta que nos ocupa no es fácil, y no afecta solo a España, sino al mundo en general.
Yo, de todas maneras, me considero un sociólogo optimista. Eso me diferencia de muchos de mis colegas, que tienden a ser pesimistas. En general, intento ver siempre el vaso medio lleno.
La diapositiva que vimos antes, si podemos mostrarla, trata sobre la cuestión que nos hacen muchas veces: “¿por qué no se tienen hijos?”. Pero creo que la pregunta debería plantearse al revés: “¿por qué se tienen hijos?”. Es decir, debemos entender primero qué motiva a tenerlos, no solo las razones de no tenerlos.
Esta información proviene del Centro de Investigaciones Demográficas. En España, se realizó una gran encuesta en 2018 sobre fecundidad, preguntando a las personas, sobre todo mujeres, por qué no tenían hijos.
Los dos gráficos que les muestro reflejan los deseos de tener hijos y cómo cambian según el número de hijos: cero, uno, dos o tres. Pero más allá de esto, debemos analizar las respuestas teniendo muy en cuenta la edad de quienes contestan.
—Entre los 20 y 29 años, la principal razón para no tener hijos es considerarse “demasiado jóvenes”. Esto refleja una construcción social sobre la edad “adecuada” para tener hijos: primero hay que estudiar, viajar, estabilizarse… Es un factor cultural que se puede modificar, porque la percepción sobre cuándo tener hijos es flexible.
—Entre los 30 y 35 años, la principal razón son las dificultades prácticas: laborales, de conciliación, acceso a vivienda. Aquí es donde la sociedad y las políticas públicas pueden actuar para facilitar que quienes quieran tener hijos puedan hacerlo.
—Entre los 36 y 40 años, la principal razón es la dificultad de encontrar pareja. La estabilidad económica ya existe, pero el “mercado de padres” es limitado.
—A partir de los 40 años, la razón principal es biológica: quieren tener hijos, pero no pueden, porque la edad para comenzar a formar una familia ya es avanzada.
Por lo tanto, es fundamental considerar estas franjas de edad, porque en ellas se concentran los factores que influyen en la decisión de tener hijos: culturales, económicos, de emparejamiento y biológicos.
A partir de aquí, la pregunta es: ¿qué se puede hacer? Yo creo que debemos crear un “contexto favorable” para quienes quieran tener hijos. Esto implica actuar en varios ámbitos:
1.Cultural: reforzar el valor y el prestigio de tener hijos. No se trata de obligar a nadie, sino de apoyar a quienes desean formar familia.
2. Económico: políticas de vivienda, conciliación, empleo. Por ejemplo, en España vamos a enfrentar un boom de construcción de vivienda. Si incluimos la variable familiar en el diseño de estas viviendas, estaremos fortaleciendo los servicios sociales, el estado de bienestar, y anticipando necesidades futuras, ahorrando recursos a largo plazo.
En resumen, si queremos que las familias puedan ejercer su papel como núcleo de la sociedad y como colchón de protección, necesitamos generar condiciones que faciliten la decisión de tener hijos. Esto requiere un debate profundo y políticas integrales que consideren la cultura, la economía y la biología.
José Luis Fernández Santillana, presidente de la Confederación Española de Organizaciones de Mayores -CEOMA-
Pero ¿esta variable realmente se tiene en cuenta en el debate sobre vivienda, o se construyen casas solo por construir? Por ejemplo, en zonas rurales no hay viviendas disponibles, y no se trata solo de levantar edificios, sino de pensar qué tipo de vivienda se construye.
Si construyes casas con una sola habitación, difícilmente vas a poder definir qué tipo de familia quieres tener; esto condiciona de manera muy importante las decisiones familiares.
Pedro, estoy de acuerdo contigo: cuando te presentaste, hablaste de algo que valoras como padre de familia, y mencionaste a tus hijos. Más o menos entendí ese mensaje, y creo que aquí está la cuestión de fondo. La familia sigue siendo clave, y durante mucho tiempo se ha entendido como la familia tradicional: un hombre, una mujer y sus hijos.
A partir de ahí, aparecen también aspectos culturales que hemos normalizado, como la idea de que todos los niños deben tener un hermano “para poder pelearse un poco”, que, claro, depende de cada caso.
Pedro Herrero, comunicador, analista social y de asuntos públicos
El primo, el tío, el abuelo… este tipo de vínculos familiares cada vez se encuentran menos. A veces se están creando pequeños “islotes” donde no hay soporte familiar. Y si la gente no tiene hijos, está bien; pero para quienes quieren tenerlos, debemos facilitarles los medios.
La clave no es solo económica: también es social, cultural, y tiene que ver con la conciliación. Tiene que ver con decidir si la mujer permanece en casa o no, y con muchas otras normas sociales invisibles que condicionan la vida familiar.
Todos estamos en contacto con los demás a través del lenguaje. Como decía Joaquín, un niño puede empezar a imaginar, a soñar, a “acelerar” mentalmente, porque su mente le lleva a lugares insospechados. El ser humano puede soñar, y esa capacidad es fundamental.
¿Por qué alguien decide ser padre? Porque hay algo dentro de él que aún no ha nacido al mundo, algo que necesita salir y que un contexto adecuado le permite desarrollar. Se basa en la confianza: la confianza en que mañana será mejor que hoy, la confianza de que los hijos nos “escojan” como padres, y la confianza de que, con alguien a nuestro lado, cuidaremos juntos de lo que llega al mundo.
No sé exactamente qué significa “familia tradicional”. Para mí, todo lo que implique vínculos, cuidado y apoyo es familia. Les contaré algo personal: tengo tres hijos. Carmen, como un dragón; Manel, todo corazón, como su madre; y el tercero, que se parece a mí, conflictivo y problemático.
Pero los he educado para valorar ser distintos, para apreciar puntos de vista singulares. Porque de esos lugares donde no está todo el mundo, se obtiene una perspectiva única.
Luis nos mostró un diagrama sobre edades y razones para no tener hijos. Ahí vemos la diferencia entre razones objetivas y motivos personales. Las razones nacen en la cabeza, los motivos en el corazón. Y ahí aparece un desafío: cuadrar dos corazones que laten y envejecen a ritmos diferentes.
Por ejemplo, mujeres entre 23 y 29 años con gran madurez profesional se enfrentan a jóvenes que priorizan el reloj, el coche, el estatus o la vivienda. Pero una mujer, en realidad, busca carácter, alguien con quien compartir el reto inmenso y difícil que implica tener y criar hijos.
Quizá necesitamos enseñar a los jóvenes a comprometerse, a entender que renunciar a algo no es perder, sino abrir espacio para algo mayor: experiencias, aventuras, vida compartida. Nada se compara con la sensación de que un hijo se tumba sobre ti y te despierta con un beso: ahí empieza la vida real. Todo lo anterior es solo adolescencia.
¿Cómo hemos dejado que cuatro personas sin hijos nos cuenten la película de la vida?
Estamos rodeados de economistas, empresarios y abogados, pero faltan poetas. La vida, la moral, la historia que construimos sobre nosotros mismos, no se hace mirando balances ni cuentas de resultados: se hace mirando hacia arriba, apoyándonos en lo imposible, en la memoria de nuestros padres, en perdones que nos ofrecieron, en oportunidades de amor y cuidado.
Vivimos en un mundo diverso, con distintas orientaciones sexuales y formas de vida. Y tenemos que ponernos de acuerdo de una vez: no podemos permitir que personas que necesitan protección, acompañamiento y un hogar sean condenadas a la soledad o a ideologías que las excluyen. Ese es el riesgo que debemos evitar.
José Luis Fernández Santillana, presidente de la Confederación Española de Organizaciones de Mayores -CEOMA-
Bueno, yo creo que este es un tema que merece seguir profundizándose. Para mí, el término “entrenador” no se refiere tanto a motivar, sino a dar motivos para hacer cosas. Y ahí hay una tarea importante de la sociedad, pero también de cada uno de nosotros a nivel personal. Me parece fundamental.
Quiero contar una anécdota que, aunque parezca irrelevante, aporta un contrapunto a lo que se ha planteado. Una compañera me contaba que su hijo adolescente apareció un día en casa con una camiseta que decía: “Ser heterosexual mola”. Para ella fue sorprendente, porque normalmente se considera que todo tipo de orientaciones sexuales deben ser respetadas y visibles. Pero ¿por qué en ciertos contextos se siente la necesidad de “ocultarlo” o destacarlo? Esto conecta con lo que venimos diciendo: no debemos cortarnos, y todas las posibilidades deben sentirse válidas. Y es importante que esto esté presente en nuestra cabeza y en nuestra sociedad.
A partir de aquí, quería preguntarle a Carmen. Has abierto un tema inmenso, y seguramente no podemos abarcar todo, pero quiero centrarme en lo esencial: ¿qué hacemos? ¿Cuáles son los servicios básicos y las condiciones mínimas necesarias para que las personas puedan vivir con dignidad, con los medios imprescindibles, sin importar si residen en un municipio de 500 habitantes, en uno de 2.000, o en una gran ciudad como Madrid?
Al final, los derechos no dependen del lugar donde vives, sino de que eres persona. Y me parece que esa idea es absolutamente fundamental.
Carmen Quintanilla, presidenta de AFAMMER. Parlamentaria permanente en el Consejo de Europa
La despoblación tiene, en la mayoría de los casos, nombre de mujer. Hablar de baja natalidad es hablar de la ausencia de mujeres jóvenes en el territorio. Y es que dos de cada tres mujeres abandonan el medio rural y se marchan a la ciudad, lo que siempre Carmen Quintanilla ha denominado una “huida ilustrada”.
Sin conciliación, sin corresponsabilidad y sin servicios básicos, no habrá relevo generacional. La maternidad en el medio rural debe dejar de ser un obstáculo para convertirse en una opción libre y posible. Por ello, desde AFAMMER —con 44 años de trayectoria—, reivindica la «España Donante» frente a la «España Vaciada».
Uno de los retos por los que pasa el cambio es el empleo. Habrá futuro, siempre que haya empleo, porque España, es el segundo país de la Unión Europea con mayor desempleo femenino en el medio rural: un 2,7% frente al 1,1% de media europea.
Y hay futuro en el medio rural cuando somos capaces de vertebrar una sociedad civil como ha hecho AFAMMER. En este sentido, señaló que cuando nació la asociación, solamente el 16% de las explotaciones agrarias estaban en manos de las mujeres y hoy hemos llegado al 30% de las explotaciones agrarias en manos de las mujeres, lo que significa que ha habido avances, pero todavía queda un largo camino por recorrer para alcanzar la igualdad y asegurar el relevo generacional de las explotaciones agrícolas y ganaderos.
También hay que destacar el porcentaje de las mujeres rurales jóvenes con estudios superiores: un 33% frente al 18,9% de los varones jóvenes rurales. Este crecimiento ha sido una revolución social gracias al sacrificio de madres y abuelas del medio rural.
Y, además, hay que seguir impulsando programas de formación digital adaptada a mujeres rurales, tanto para el acceso al empleo como para la digitalización de sus proyectos, asegurando que ninguna mujer rural se quede fuera. Los datos son demoledores: sólo el 60% de las mujeres rurales en España reportan tener habilidades digitales básicas, en comparación con un 80% de las mujeres en áreas urbanas.
Esto se refleja en una menor capacidad para realizar trámites en línea, lo que restringe su acceso a servicios públicos, ayudas y oportunidades de desarrollo tanto económico como social. Por ello, AFAMMER continúa apostando por la formación como herramienta clave para reducir esta brecha.
1.El Arraigo como Eje de la Cohesión Territorial
Las políticas de arraigo no deben entenderse como «ayudas», sino como inversiones en soberanía territorial. Una estrategia demográfica eficaz debe pasar de la fase de «diagnóstico» a la de «ejecución» mediante tres pilares fundamentales:
-Fiscalidad Diferenciada: Justicia y competitividad: Vivir en el medio rural conlleva costes de desplazamiento y menor acceso a servicios de proximidad. La fiscalidad debe compensar esta brecha.
-Discriminación positive: Reducciones en el IRPF por residencia efectiva en municipios de baja densidad.
-Incentivos al emprendimiento: Cuotas reducidas a la Seguridad Social y beneficios fiscales para empresas que generen empleo local, reconociendo que un empleo en un pueblo de 500 habitantes tiene un impacto social infinitamente superior a uno en una gran ciudad.
2.Retorno Juvenil: El flujo de talento
El medio rural no solo necesita «brazos», necesita «ideas».
-Becas de retorno: Programas que vinculen la formación académica con proyectos de innovación en el territorio.
-Conectividad total: El retorno juvenil es imposible sin una digitalización real. El teletrabajo es la herramienta de repoblación más potente del siglo XXI, permitiendo que el talento global resida en lo local.
Además, no podemos abordar el reto demográfico sin reconocer dos realidades fundamentales: por un lado, el envejecimiento de la población rural, que debe entenderse también como una oportunidad y por otro, la baja natalidad, que se debe principalmente a la ausencia de mujeres jóvenes.
El Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, encomiendan a las instituciones europeas una especial atención al reto demográfico. Con el fin de reforzar su cohesión económica, social y territorial, la Unión se propone reducir las diferencias entre los niveles de desarrollo de las diversas regiones y el retraso de las menos favorecidas, incluidas las zonas rurales, las zonas afectadas por una transición industrial y las regiones que parecen desventajas naturales o demográficas graves.
José Luis Fernández Santillana, presidente de la Confederación Española de Organizaciones de Mayores -CEOMA-
Muchas gracias. Gracias, Carmen. Muchas gracias. Desde luego con planteamientos así sí que tiene futuro en medio rural y luego a veces con la inanición que tienen algunos de nuestros políticos en esta medida. Pero bueno, yo quería preguntarle, Joaquín, antes hablaste mucho de la emigración y hablaste de la formación y de la formación profesional. Yo quería unir esto también a un tema que también ha salido ahora con Carmen, ¿no? Es decir, el tema de los cuidados. Es decir, cuánta gente tenemos ahora mismo en España latinoamericanos, latinoamericanas, es fundamentalmente que están trabajando en un ámbito de los cuidados y no tienen una mera cualificación o un falsificado de profesionalidad.
Esto sería esto ayudaría, es decir, una formación no solamente en las cuestiones de oficios que has planteado, es decir, que todos somos fontaneros, carpinteros, mecánicos, ajustadores, voladores, sino hay una cuestión que ayudaría a que realmente cuidásemos de la gente de nuestros mayores con la dignidad que se merecen por profesionales, podemos buscar para fijar este tipo de situaciones, una cualificación, una profesionalización en el ámbito de los cuidados para no dejarlo en manos de la familia, que a veces hace que muchas mujeres no puedan dedicarse precisamente a lo que estamos hablando de tener hijos porque tienen que estar cuidando a sus familias o estamos con una generación que es la generación sandwich, que tienen que cuidar tanto a sus hijos y los tienen pequeños como a sus padres.
Y el tiempo no da para tanto. ¿Qué hacemos con esta situación? El Joaquín de van a ganar. quién lo va a pagar? ¿Qué hacemos?
Joaquín Leguina, demógrafo y economista. Director del Observatorio Demográfico de la Univ. San Pablo CEU
Yo creo que hay mucha gente mayor, mujeres y hombres que necesitan ese apoyo físico, mental, compañía, pero no tienen dinero. Lo pasamos alo Estado. Pues de eso no se discute. Y mientras no se discuta, no hay posibilidad de hacer nada. Yo creo que es un problema grave que afecta cada vez a más gente y claro, hay un fenómeno que es el fenómeno de la soledad, que se alivia con eso. Pero Sinceramente, creo que es difícil de abordar. Difícil de abordar porque ya se ve lo acabamos de ver hace unos días en que no se gasta dinero el Estado. Y esta es una de ellas. Claro que tam produciría muertos, no tantos como ese tro tren, maldito, en fin, no se entiende que pueda pasar eso. No se entiende. Y hay unas cosas que no ven a cuento de esto sobre el tren.
A mí me ha afectado personalmente muchísimo y no llevaba ningún pariente de eso. ¿Cómo es posible que desde Atocha o donde sea, no sepan en dónde está cada momento el tren para decirles, no se mueva usted de ahí? Algo ha pasado ahí, espero que se arregle porque ha costado 46 muertos, que nada menos.
José Luis Fernández Santillana, presidente de la Confederación Española de Organizaciones de Mayores -CEOMA-
Así es, don Joaquín, pero… bueno, yo creo que esto tiene que ver con que nuestros políticos sean capaces de priorizar el gasto. El gasto social, el gasto en las personas y en mejorar su vida, debería ser más importante que mejorar la vida de los propios políticos. Esto es algo que solemos comentar habitualmente.
Sin embargo, me parece que también hay que poner sobre la mesa otro aspecto: no solo se trata de gastar, sino de en qué gastamos, cómo se controla ese gasto y si realmente es eficiente.
Bueno, para ir terminando… Diego, quería preguntarte: después de todo lo que hemos comentado, ¿qué te queda por decir? Al final, hemos presentado la realidad de los datos, pero la pregunta es: ¿cómo ponemos esos datos al servicio de la mejora real?
Por ejemplo, a mí me preocupa mucho, pensando en mi madre o mis hermanas, que cuando tuvieron a sus primeros hijos lo hicieron antes de los 30. Ahora, la tendencia es que el primer hijo se tiene a partir de los 30 o incluso de los 35, lo que limita el tiempo para tener más hijos, por razones incluso puramente biológicas.
Entonces, ¿qué podemos hacer? ¿Cómo podemos incentivar cambios? Desde políticas de conciliación, de corresponsabilidad, o cualquier medida que ayude a que las personas puedan organizar su vida y familia de manera más equilibrada, ¿cómo podemos impulsarlas para que realmente funcionen?
Diego Ramiro, director del Instituto de Economía, Geografía y Demografía del CSIC
Voy a ser esquemático.
En el análisis que realizamos sobre el impacto de la crisis de Lehman Brothers de 2008 en la fecundidad en Andalucía —utilizando una fuente de datos especialmente robusta— observamos un claro gradiente por nivel educativo. Tradicionalmente, las mujeres con estudios universitarios presentan menores niveles de fecundidad que aquellas con menor formación, debido, entre otros factores, al retraso en la maternidad asociado a trayectorias educativas y profesionales más largas.
Sin embargo, esta pauta está empezando a cambiar. En algunos países nórdicos, por ejemplo, el gradiente educativo en fecundidad comienza a invertirse.
Si a este factor añadimos la variable empleo, los resultados son aún más significativos. Durante la crisis de 2008, cuando ambos miembros de la pareja entraban en situación de desempleo —algo que siempre debe analizarse conjuntamente— la fecundidad se desplomaba. También descendía entre quienes tenían empleos temporales. En cambio, entre quienes contaban con empleo estable, la fecundidad no solo no cayó, sino que se mantuvo, incluso en un contexto de reducción salarial —en Andalucía, los funcionarios experimentaron una disminución aproximada del 10 %—.
La conclusión es clara: la estabilidad laboral, o al menos la percepción de estabilidad futura, influye decisivamente en la decisión de formar una familia.
Las encuestas de fecundidad —como la de 2017 y la que actualmente desarrolla el INE en 2025— recogen lo que en demografía denominamos una visión de periodo: el deseo expresado en el momento de la entrevista. Sin embargo, existe una diferencia sustancial entre la fecundidad deseada y la fecundidad finalmente alcanzada (la descendencia de cohorte). Una persona puede declarar que desea tener dos hijos, pero la realidad muestra que en España la media se sitúa en torno a 1,2 hijos por mujer, e incluso por debajo de uno en territorios como Canarias. Por tanto, es imprescindible analizar conjuntamente las expectativas y los resultados efectivos.
En cuanto a la inversión pública, históricamente esta se ha concentrado en los territorios con mayor densidad de población. Así ocurrió en el siglo XIX con las infraestructuras básicas —como el alcantarillado o el agua potable en Madrid— y así continúa ocurriendo hoy. En un contexto de recursos presupuestarios limitados, las decisiones de inversión obligan a priorizar: invertir en zonas urbanas, en sanidad o en otros servicios esenciales, o destinar recursos a territorios rurales en proceso de despoblación.
Este es un debate crucial. Suelo compararlo con las raíces de un árbol: si las raíces más pequeñas —los municipios de menor tamaño— desaparecen, el siguiente nivel afectado serán las cabeceras de comarca, y posteriormente las capitales de provincia. La despoblación no es un fenómeno aislado, sino encadenado.
Por ello, resulta fundamental reflexionar estratégicamente sobre qué territorio queremos preservar, cómo distribuir los recursos y qué modelo de equilibrio territorial deseamos sostener a largo plazo.
José Luis Fernández Santillana, presidente de la Confederación Española de Organizaciones de Mayores -CEOMA-
Hemos consumido todo el tiempo de la mesa con vuestras fantásticas aportaciones, muchas gracias por participar en este V Congreso, y gracias a los asistentes.