JOSÉ LLADRÓ “ESPAÑOL UNIVERSAL” 2003

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JOSÉ LLADRÓ “ESPAÑOL UNIVERSAL” 2003

En el año 2003 nuestro galardonado con el premio “Español Universal” fue José Lladró Doltz.

Cuando en 1996 inició su andadura el Ciclo “Españoles Universales”, tres fueron los requisitos que consideramos necesarios para elegir y distinguir a nuestros compatriotas con este galardón: arraigadas convicciones democráticas, defensa de la sociedad civil, y acreditada proyección internacional. Creimos sinceramente, que José Lladró, cumplia sobradamente, estas tres premisas.

Nuestro Ciclo “Españoles Universales” tiene como objetivo ofrecer nuestros compatriotas “modelos” de excelencia en los que todos los españoles, seamos de donde seamos de nuestra variada geografía, pensemos lo que pensemos, nos sintamos satisfechos y orgullosos de aquellos que han sido elegidos como “Españoles Universales”. José Lladró es una magnífica muestra para todos.

Él representa al mundo de la empresa española con proyección internacional en los cinco continentes. Decir Lladró es sinónimo de elegancia, calidad, exquisitez plasmadas en unas extraordinarias obras de arte en porcelana, mundialmente reconocidas.

Citamos la tenacidad, la disciplina en el trabajo, la responsabilidad como rasgos comunes a los anteriormente galardonados como “Españoles Universales”, estas características son las que han posibilitado que D. José Lladró, junto a sus hermanos D. Juan y D. Vicente, hayan logrado crear, partiendo desde cero, una gran empresa admirada por todos, y muy especialmente, por los amantes de la porcelana artística de todo el mundo.

Gracias a José Lladró por su trabajo – el suyo y el de sus hermanos, Juan y Vicente, y el de sus hijos, algunos incorporados a la empresa-, por el ejemplo y dedicación para mejorar el tejido empresarial e industrial de España, con productos de primerísima calidad, y continuado esfuerzo por abrir mercados en todo el mundo.

La cena de gala se celebro en el Hotel Ritz de Madrid, con la asistencia de innumerables personalidades, y concluyo con la lectura del manifiesto artístico de Lladró:

“Queremos que nuestras obras posean elegancia, que sean expresivas, que rezumen vida, que tengan sentimientos. Queremos que reflejen el lado bueno de la existencia, los valores positivos del ser humano, todo aquello que dignifica la vida. Ya hay bastante dolor en el mundo. Nosotros no discriminamos las razas, detestamos la violencia y la maldad, intentamos mostrar lo mejor del ser humano”.

Hagamos nuestro este Manifiesto, y formularemos un llamamiento a todos los españoles en defensa de la dignidad del ser humano.

José Lladró Dolz

(Almàssera, 1928) Empresario español. José Lladró Dolz nació en 1928 en el pueblecito de la huerta valenciana de Almàssera, hijo, junto a su hermano mayor, Juan (1926), y el benjamín, Vicente (1932), de los agricultores Juan Lladró Cortina y Rosa Dolz Pastor.

Ocupados en las labores agrícolas a partir de los catorce años, los dos mayores lograron estudiar, sin embargo, la primaria y a los quince años se pusieron a trabajar en Azulejera Valenciana. Al regreso del servicio militar, las aptitudes artísticas de Juan ya eran de dominio general en la zona, lo que le valió entrar en la prestigiosa fábrica Víctor Nalda, donde también se integraron José y Vicente una vez cumplidas sus obligaciones con la patria. Entonces prometieron a su madre que jamás se separarían y que perseguirían un objetivo común.

En Víctor Nalda los tres hermanos desarrollaron sus innatas dotes para la decoración. Pero aquello no satisfacía su vocación artística, por lo que se inscribieron en la Escuela de Artes y Oficios de San Carlos, en Valencia, donde José y Juan, por las tardes, estudiaron dibujo, pintura y composición decorativa, mientras que Vicente se dedicó a la escultura. Varios de sus trabajos de aquella época pueden verse en la actualidad en el Museo Lladró de Nueva York.

El principio de una gran empresa

Muy pronto los hermanos Lladró empezaron a ensayar y a experimentar por cuenta propia en un pequeño horno construido en el patio de la casa paterna. Esa actividad no tardó en hacerse incompatible con el trabajo en la fábrica, que finalmente tuvieron que abandonar, un hermano tras otro, por divergencias con el dueño. Se abrió entonces una época de penurias durante la cual empezaron a vender sus obras para ganar algún dinero.

Sin embargo, al inicio de la década de los cincuenta tenían ya suficientes ahorros -administrados por la madre- y conocimientos como para desvincularse totalmente de Víctor Nalda y fundar su propio negocio. Así fue como los hermanos Lladró Dolz fraguaron, en 1953, lo que se convertiría en una empresa de renombre y de vocación universal.

Con el tiempo, aquel pequeño negocio de esculturas clásicas (platos decorados, jarrones, florecillas y otros artículos de regalo) se convertiría en un entramado de empresas de actividad diversificada, con negocios inmobiliarios y agrarios, y hasta complementos de piel. No obstante, la empresa que fabrica las porcelanas, en un proceso enteramente artesanal, continuaría siendo el buque insignia de Lladró en la Ciudad de la Porcelana, un complejo levantado en las afueras de Valencia.

Los primeros años fueron duros. Terminaron 1955 con 290.000 pesetas de inventario; al año siguiente casi alcanzaron el medio millón y en 1957 superaron las 900.000 pesetas de activo. A partir de 1958 empezaron a ganar dinero, en una época de gran trascendencia para la familia: la madre murió en 1957, año en que se abrió la primera tienda, en el pasaje Rex de Valencia; José se casó en 1958 y Juan lo hizo al año siguiente, mientras que Vicente esperaría hasta 1963. A partir de la inauguración de la primera tienda, los tres hermanos empezaron a viajar y a visitar ferias nacionales e internacionales del sector para vender sus figuras.

En 1959, la empresa se trasladó a una nave de la población vecina de Tavernes Blanques, porque la demanda había superado las expectativas. Y en 1960 la palabra «Spain» se incorporó al logotipo como clara expresión de la vocación exportadora de la empresa. El logo de Lladró consiste en una flor del campanillo, muy popular en la zona, y un lazo que representa un símbolo de la alquimia antigua (la unión de la naturaleza con la ciencia).

Apertura al mercado internacional

En los años sesenta la empresa inició su expansión por el territorio nacional y puso el primer eslabón de una cadena de tiendas en el extranjero con su implantación en Estados Unidos, de donde «vinieron a buscarnos», según recuerda José Lladró, y donde la empresa consigue el tercio de su facturación global.

Hasta entonces fabricaban y decoraban piezas de loza, pero pronto decidieron experimentar con otros materiales y otro tipo de diseños. Empezaron con pequeñas figuras que intentaban imitar las de la Royal Copenhagen, consideradas las de mayor calidad.

En 1970 se incorporó la línea Gres, con la imagen de una muchacha leyendo. La peculiar luminosidad de este material fascinó a la clientela y a los críticos, y al año siguiente surgió la línea de los jarrones, un excelente medio de expresión para los pintores de la empresa. En 1973 los Lladró ya disponían de suficiente capital para adquirir el 50% de la Weil Ceramics & Glass, con lo que afianzaron su presencia en el mercado estadounidense. En 1974 lanzaron las primeras esculturas de la colección Elite y empezaron a aplicar el emblemático azul brillante mediante una pequeña calca colocada en la base de cada pieza antes de pintarla.

En 1985 nació la Sociedad de Coleccionistas, que reúne a más de cien mil clientes fijos amantes de las porcelanas Lladró y que disfrutan de ciertas ventajas a la hora de adquirir productos de tirada limitada. En enero de aquel mismo año José Lladró firmó el acuerdo de joint venture con la firma distribuidora japonesa Mitsui. El 18 de septiembre de 1988 se inauguró el Museo y Galería Lladró de Nueva York, en la calle 57 de Manhattan y, con la fundación de Lladró USA y Ordal Australia se consolidó la expansión de la empresa en Estados Unidos y Australia.

De las ventas a los museos

El renombre adquirido por las esculturas Lladró propició que en 1991 fuera expuesta una selección de las mismas en el exclusivo Museo del Ermitage, en San Petersburgo. Desde entonces, dos piezas forman parte de la colección permanente de este emblemático museo: Carroza siglo XVIII y Don Quijote.

El 18 de junio de 1996 se inauguró el Centro Lladró en Madrid; el 26 de marzo de 1997, el Centro Lladró de Beverly Hills, un edificio de grandes dimensiones obra común de Juan Vicente Lladró, Rafael Tamarit y el renombrado arquitecto estadounidense Ki Suh Park, y en 1999, el Centro Lladró en Las Vegas. Con la colección Inspiration Millennium se dio la bienvenida al tercer milenio y se inauguró otro Centro Lladró en el corazón de Sydney. En 2001 nació Lladró Privilege, un programa de fidelización de clientes.

Desde la primera tienda, inaugurada en Valencia en 1957, los hermanos Lladró han abierto filiales en otros lugares de España y en Estados Unidos, Canadá, Alemania, Bélgica, Italia, Gran Bretaña, Japón, Hong Kong, Singapur y Australia. El estilo de Lladró, siempre naturalista, ha evolucionado desde el clásico hasta el que incorpora cierto neorromanticismo sentimental: «Queremos que nuestras obras posean elegancia, que sean expresivas, que rezumen vida, que reflejen los valores positivos del ser humano».

 

En el aspecto empresarial, José Lladró destaca por su defensa del trabajador. Aboga, incluso, porque una persona que se jubile por edad y haya trabajado toda su vida en una misma empresa, reciba, además de la pensión obligatoria del Estado, una compensación económica de la empresa como si de un despido improcedente se tratara.

A fines de la década de los ochenta, los hermanos Lladró decidieron diversificar el negocio, extendiendo sus actividades a sectores como el agroalimentario, con fincas en La Mancha o importantes y modernísimas plantaciones de cítricos en Valencia, además de una significativa participación en la importación de cacao Natra, o el inmobiliario, a través de la Sociedad Rosal. Recientemente entraron también en el campo de la orfebrería a través de la firma de alta joyería Carrera y Carrera, así como en el sector vinícola (vinos Torre Oria) o el hotelero (Occidental Hoteles). Poseen también una participación más que simbólica en la explotación del parque temático valenciano Terra Mítica.

Nuevos proyectos de expansión

Los objetivos de expansión impulsados por José Lladró contemplan otros dos macromercados: India, con casi 1.000 millones de habitantes, y China, que supera los 1.200.

La gestión de José Lladró ha sido ampliamente reconocida. En 1993 recibió el Premio Príncipe Felipe a la Excelencia Empresarial, el más prestigioso del mundo de la empresa; el 28 de diciembre de 1995 fue designado consejero del Instituto Español de Comercio Exterior, y en septiembre de 2001 fue nombrado presidente de la Real Academia de Cultura Valenciana.

Sencillo y de carácter afable, ama al prójimo, sufre por los habitantes del Tercer Mundo y se preocupa por el bienestar de sus trabajadores, para quienes en la propia Ciudad de la Porcelana ha construido campos de deporte, guarderías y otros servicios. Además, subvenciona las salidas a campamentos de los hijos de sus empleados, entre otros privilegios de que gozan los más de 2.000 contratados por la empresa.

El relevo generacional

Para dar continuidad a su trabajo, los tres hermanos han dado una formación específica a alguno de sus hijos. Así, en 1984, Rosa, Mamen y Juan Vicente, hijos, respectivamente, de Juan, José y Vicente, entraron a formar parte del equipo directivo y, posteriormente, del consejo de administración. Rosa es licenciada en bellas artes y se encarga de la imagen; Juan Vicente es arquitecto y supervisa la creatividad e investigación y desarrollo (I+D), mientras que Mamen, licenciada en empresariales, controla la dirección comercial estratégica, la logística y la distribución en Asia y el Pacífico.

José Lladró ha plasmado sus memorias en un libro titulado Pasajero de la vida, publicado en la primavera de 2002. En él desgrana los avatares de su familia y de la empresa y cuenta un sinfín de anécdotas. Entre ellas una muy curiosa: regaló los Tres Reyes Magos al papa Pablo VI, pero éste los recicló obsequiando una estatua a cada uno de los astronautas que viajaron a la Luna en 1969 -Armstrong, Aldrin y Collins-, porque consideró que eran los mensajeros de Dios en el mundo exterior.

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